
La unidad exterior es la parte de tu aerotermia que más sufre el clima y el sitio que le ofrezcas. En Álava no hay una única realidad: lo que funciona en la Llanada, donde las heladas son constantes, poco tiene que ver con el valle de Ayala, donde la humedad genera escarcha a pesar de temperaturas algo más benignas. Y si vives en los cascos históricos del sur, como Laguardia o Labraza, el problema cambia por completo al chocar con fachadas protegidas y calles estrechas.
Cada entorno impone sus reglas. En la capital y la llanada, el equipo debe elevarse sobre soportes para evitar la nieve y tener aire libre, mientras que en Añana o Zuia el balance térmico es intermedio. Conocer qué situación particular afecta a tu vivienda es el primer paso para que las empresas instaladoras puedan proponerte una ubicación viable y un sistema que rinda durante todo el invierno.
Elevar la unidad exterior sobre la nieve de la Llanada
En Agurain, Alegría-Dulantzi o los pueblos de la Montaña Alavesa, dejar la unidad exterior directamente sobre el suelo es un error que se paga en cada nevada. La nieve acumulada tapa la batería de intercambio y bloquea la entrada de aire, obligando al equipo a trabajar forzado o a detenerse justo cuando más calor necesitas. Por eso, en esta zona fría y con heladas frecuentes, montar la máquina sobre una bancada elevada o unos soportes robustos no es un capricho estético, sino una condición básica para que funcione.
La empresa instaladora calcula esa altura teniendo en cuenta las nieblas persistentes y la acumulación habitual en tu calle concreta. Además, estos soportes suelen incluir elementos antivibratorios, necesarios para aislar el ruido del compresor en invierno. Así, el agua del desescarche cae libremente hacia el desagüe sin formar placas de hielo bajo la máquina, y la batería respira aire fresco en lugar de recircular su propio frío. En casas de labranza con patios abiertos, esta separación evita también que la suciedad y las hojas tapen los conductos.
El agua del desescarche y el hielo en patios y aceras
En la Llanada Alavesa, con Vitoria-Gasteiz y sus más de 500 metros de altitud como referencia, las mañanas heladas son parte del paisaje invernal. Cuando la unidad exterior capta calor del aire frío y húmedo, se escarcha; el equipo reacciona activando ciclos de desescarche que sueltan agua. Si esa descarga cae directamente al suelo en pleno hielo, forma una placa resbaladiza peligrosa en la acera, el portal o el patio de la casa. Es un detalle técnico menor para el funcionamiento de la bomba, pero crítico para la seguridad vecinal.
La empresa instaladora debe prever desde el inicio una bandeja de condensados correctamente dimensionada y conectada a un desagüe apto para evitar la acumulación de hielo. En Ayala, aunque el clima atlántico es algo más templado, la humedad mantiene la formación frecuente de escarcha, por lo que este drenaje sigue siendo imprescindible. No basta con colocar el soporte: hay que asegurar que el recorrido de la tubería no se congele antes de llegar al punto de evacuación, garantizando así que el agua tenga salida limpia durante toda la temporada de calefacción.
Aire libre delante de la bomba de calor: rincones y patios cerrados
Si tienes pensado poner la unidad exterior en un rincón de la terraza o en un patio de luces estrecho, ten cuidado. La bomba de calor necesita aspirar aire fresco para funcionar; si el espacio es muy cerrado, vuelve a tragar el mismo aire frío que acaba de expulsar. Ese recirculado hace que el equipo trabaje más horas y consuma más electricidad sin calentar bien la casa. Para evitarlo, conviene dejar libre todo el frente del aparato y también los laterales, respetando las distancias mínimas que marca el fabricante.
En Vitoria-Gasteiz, donde muchos pisos antiguos no tienen balcones amplios, suele ser difícil encontrar ese hueco ventilado dentro de la vivienda. Por eso, al pedir presupuesto, pregunta si hay alternativa en la cubierta o en un patio interior lo suficientemente ancho. Cualquier instalación en zonas comunes requiere el visto bueno de la comunidad de propietarios antes de empezar. Las empresas instaladoras de Álava evaluarán durante su visita qué rincones cumplen con estos requisitos técnicos y cuáles son inviables por falta de aireación.
Ruido y vecinos en los adosados de Nanclares de la Oca o Alegría-Dulantzi
En los adosados de Nanclares de la Oca o Alegría-Dulantzi, donde las viviendas comparten muros a pie juntillas, el ruido se cuela sin permiso. El error más común es colocar la unidad exterior justo bajo la ventana del dormitorio del vecino. Antes de fijar nada, conviene medir bien: separar el equipo de cualquier hueco ventilado y alejarlo de la zona de descanso propia y ajena. No basta con que esté «lejos»; hay que pensar en cómo viaja el sonido por la estructura.
La clave técnica está en los apoyos. Colocar la bomba directamente sobre el suelo o una repisa rígida transmite cada vibración al muro compartido, convirtiendo tu instalación en un zumbido continuo para quien vive pegado a ti. Las empresas instaladoras deben usar soportes antivibratorios específicos que aíslan mecánicamente el equipo. Es un detalle barato pero decisivo en casas pegadas. En la Llanada, con inviernos largos y heladas frecuentes, el desescarche añade agua y peso; si el soporte no amortigua, el vecino lo notará cada mañana.
Fachadas protegidas en los cascos de Laguardia y Agurain/Salvatierra
En Laguardia y Agurain/Salvatierra, la normativa municipal vigila con lupa cualquier cambio visible desde la calle. Colocar una unidad exterior en la fachada suele estar prohibido o condicionado por el catálogo de protección del casco histórico. Antes de solicitar presupuesto, conviene consultar directamente con el ayuntamiento para saber qué opciones se permiten realmente. Así evitas que las empresas instaladoras te envíen propuestas que luego no podrás ejecutar.
La solución práctica pasa por buscar huecos donde la máquina no altere la estética del entorno. El patio trasero es el lugar más habitual, siempre que haya ventilación suficiente para que el equipo no recicle su propio aire frío. Si no hay patio, a veces cabe en azoteas no visibles desde el viario público o en espacios técnicos habilitados. En Laguardia, los calados bajo las casas también ofrecen zonas frescas y estables, aunque requieren verificar la humedad y el acceso.
Humedad del valle de Ayala y más ciclos de desescarche
En Laudio/Llodio y Amurrio el invierno se comporta distinto que en la Llanada. Aquí el frío atlántico no es tan intenso, pero la humedad sube mucho más. Con temperaturas que rondan los cero grados, la escarcha aparece con facilidad sobre la batería de la unidad exterior. El equipo necesita realizar ciclos de desescarche a menudo para mantener su rendimiento, lo que altera el funcionamiento habitual frente a climas más secos.
Cada vez que se descongela, esa operación libera agua. Si no hay un buen sistema de evacuación, ese líquido forma placas de hielo alrededor del aparato o en el suelo, pudiendo bloquear el paso del aire e incluso dañar los soportes. Por eso, el cálculo inicial de la potencia debe contemplar estos parones por desescarche y el drenaje tiene que quedar bien conectado a una red de saneamiento accesible.
La empresa instaladora ajustará el diseño pensando en esta frecuencia extra de limpieza de hielo. No basta con mirar solo la temperatura mínima; hay que valorar cómo la humedad condiciona la eficiencia real durante las horas más bajas del día en el valle del Nervión.